Robin Hood
Robin Hood —Will, ¿estás por aqu� ¡Contéstame, mi buen hermano!
Una voz muy débil le respondió desde el fondo del lóbrego corredor:
—¡SÃ, Robin, aquà estoy…!
Robin arrastró el cuerpo inerte del verdugo hacÃa la primera de las puertas abiertas y encerrándolo en una celda le echó la llave que tenÃa puesta.
Por ahora habÃan sido apartados los primeros inconvenientes, y Will Scarlett estaba en sus manos. Avanzó por el corredor en dirección de donde habÃa llegado el hilo de voz del pobre Scarlett. La celda en que habÃan encerrado a éste era la última. Al pasar por delante de las otras, vio que habÃa en ellas algunos prisioneros que, al verle, se quejaron con lastimeros ayes, como pidiéndole socorro o clamando al cielo.
También alcanzó a distinguir una cámara con extraños aparejos y en la que ardÃa vivo fuego: era la pieza donde el verdugo aplicaba, por orden del señor de Bellame, las torturas. Llamó nuevamente para orientarse sobre la celda en que se hallaba Will y, ubicada la puerta, buscó la llave en su manojo y entró.
El pobre Scarlett estaba en un estado lastimoso, habÃa sido golpeado sin piedad y sólo su gran resistencia y su fuerte contextura lo habÃan salvado de morir a golpes.