Robin Hood
Robin Hood —Cuando todo estuvo listo —prosiguió Richard—, me dirigà con mis hombres a Hull, embarcándonos para Burdeos, donde esperaba reunirme a otros expedicionarios. Pero a las pocas horas de navegación, una fuerte tormenta del este nos arrancó hasta la costa del condado de Lincoln, donde el barco se hizo pedazos contra un arrecife. No puedo decir si del naufragio se salvó alguien más que yo, pues casi inconsciente, debido a un enorme tajo que no sé contra qué me hice en la cabeza, me asà como un desesperado a un madero que flotaba a la deriva. Cuando volvà en mÃ, me hallaba en tierra firme y socorrido por un desconocido, al que acerté a decir que me llevara a la AbadÃa de Santa MarÃa. De lo que pasó después no sé nada; la fiebre me debe haber tenido en delirio varios dÃas.
—¿De modo que no sabéis si os llevaron a no a la AbadÃa…?
—Recuerdo que veo como un sueño a Hugo de Rainault y Rogelio el Cruel conversando, pero esa imagen se borra en seguida y sólo veo el calabozo del que vos me sacasteis.
—¿Y cuándo vence el plazo de los cuatro años del préstamo del padre Hugo?
—Si para el próximo dÃa de San Miguel no le he pagado, mi más hermoso castillo y mis mejores tierras serán suyas…