Robin Hood
Robin Hood —Como ves, adorada mÃa, todos estamos bien y Scarlett de nuevo entre nosotros, aunque deberás dedicarte a cuidarlo, porque está bastante mal herido. MÃralo ahÃ, en brazos del «pequeño John» y el fraile. —Se adelantó Mariana a recibir al grupo que traÃa al compañero herido, y cuando le hubo pasado cariñosamente una mano por la cabeza, oyó la voz de su marido que le decÃa:
—Ahora mira hacia acá, Mariana, y dime si ves alguna cara conocida…
Mariana, que si bien habÃa visto ya que con Robin venÃan algunos hombres que no pertenecÃan a la banda, no habÃa reparado en las facciones de ninguno de ellos, embargada por la emoción de la llegada de su marido, se dio vuelta y los observó detenidamente. Cuando vio a sir Richard dio un grito de alegrÃa y se echó en sus brazos exclamando:
—¡Oh, Robin, lo que me devuelves; eres maravilloso!
—SÃ, es realmente maravilloso lo que pueden hacer un par de nidos de avispas, usándolos a su debido tiempo… —respondió rápidamente Robin cortando el elogio.
Sir Richard, serenado ya de la impresión de haber recobrado a su hija, se adelantó, y dirigiéndose a Robin, en tono cordial pero serio, le indagó: