Robin Hood

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Se hallaron en el cuarto de guardia, al pie de la escalera, donde el día del rescate de Scarlett estaban reunidos aquellos hombres —el verdugo entre ellos— con los que Robin debió librar una pequeña batalla. En esta ocasión también estaba ocupada esa pieza: cuatro hombres armados vigilaban desde allí el interior de otra sala en cuyo centro se hallaba Mariana, sentada y atada a una silla, y teniendo enfrente una mesa con recado de escribir.

Ver nuestros amigos la escena y echarse como leones sobre los guardias fue todo uno, yendo Robin directamente a desatar a Mariana, mientras los suyos daban pronta cuenta de los vigilantes.

—¡Robin mío! —gritó la pobre niña apenas repuesta de la sorpresa—. ¡Isambart quería hacerme firmar la cesión de mis tierras a su favor, pero yo me negué e iban a darme tormento!

Recobrada Mariana, Robin dispuso que algunos de los muchachos la sacaran del castillo por el mismo camino que habían hecho al entrar. Pero atraído por los ruidos, llegaba a la sala de guardias Rogelio el Cruel con unos doce o quince hombres que trataron de interceptar el paso a los portadores de Mariana.


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