Robin Hood

Robin Hood

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Cosa de poca monta era la partida para el estado de belicosidad de Robin y los suyos ese día, y en menos de lo que se tarda en narrarlo, dejaron tendidos, no sólo a Rogelio, sino también a todos sus hombres, cuyas armaduras se colocaron.

Mientras Robin llevaba a cabo el salvamento de Mariana cumpliendo matemáticamente el programa trazado, la tarea confiada a la dirección del misterioso caballero de la armadura negra se realizaba con igual precisión y eficacia. Los movimientos de ambos grupos se efectuaron en la forma prevista.

El Caballero Negro ganó el rastrillo con inigualable velocidad, cruzó el puente y la mayor parte de su tropa pudo trasponer la puerta de la muralla exterior sin ninguna dificultad.

Cuando los del castillo dieron la alarma y empezaron a levantar el puente, muy pocos atacantes se hallaban sobre él.

La serenidad y las condiciones de mando del Caballero Negro los salvó de morir ahogados al no poder nadar por el peso de las armaduras, pues al ver la precaria situación en que se hallaban, les gritó:

—¡Dejaos caer al agua sin soltar las escaleras!

Se refería a unas escaleras de madera que esos hombres habían llevado consigo, en previsión de que se presentara la oportunidad de poder escalar las murallas.


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