Robin Hood
Robin Hood —Robin, la tarea no ha terminado; el amo de este maldito castillo ya no existe. ¡Que desaparezca entonces todo cuanto pueda recordar su memoria!
Una verdadera ovación aprobó la proposición del desaprensivo sacerdote, y echando mano a la obra, los muchachos le prendieron fuego a una de las más hermosas fortalezas feudales de Inglaterra.
El fuerte viento que había reinado durante todo el día y que había servido a los hombres que mandaba el caballero para ocultarse mejor detrás de las sombras movibles de los árboles que cambiaban los contraluces constantemente, ayudó a la empresa de Robin hasta el final, avivando el fuego que en pocas horas redujo Evil Hold a cenizas…
Pero quedaba el espíritu de la venganza en Rogelio el Cruel, que no había muerto del golpe recibido y que salió arrastrándose del castillo en llamas, se despojó de la armadura hendida en el yelmo por el mazazo que lo había dejado fuera de combate y se ocultó entre las aguas del foso hasta que los «justicieros» y su jefe abandonaron el lugar.