Robin Hood
Robin Hood —¡Piedad, Robin!, yo lo creà un hombre bueno, incapaz de hacer una traición; de otro modo, ¡nunca lo hubiera traÃdo hasta aquÃ!
—Piedad tendrás —le contestó Robin con calma—. Vete y que nunca más te vuelva yo a ver; y recuerda que mi mujer, todo cuanto adoraba en el mundo, ¡ha muerto por tu culpa…!
No se hizo repetir el permiso —o la orden, mejor dicho—, y más ligero que un gamo puso pies el polvorosa. Temiendo siempre que se despertara en el magnánimo Robin un justo deseo de venganza, y sabiendo hasta dónde llegaba su culpa, se fue del condado de Nottingham, pues no estaba seguro de que no le alcanzara el castigo por parte de algún amigo del proscrito, ya que pronto circuló la noticia de que habÃa sido él el entregador.
Quedaba Rogelio el Cruel herido, esperando que sobre él se hiciese justicia por el asesinato de la reina de Sherwood.