Robin Hood
Robin Hood Cuando ya todos los muchachos habÃan abandonado la selva, el fraile Tuck volvió a hacer el ermitaño instalándose cerca de un riachuelo donde abundaban hermosas truchas, y a tiro de flecha del sitio de pastoreo de ciertos ciervos reales…
Quedaron solos Robin y el «pequeño John».
—¿Y ahora, buen Robin?
—Adonde me lleven los vientos o me impulse el destino, allá iré. Haz tú como hicieron los demás, porque los buenos tiempos de Sherwood se acabaron y ya somos viejos…
—Adonde tú vayas iré yo. No hemos pasado juntos casi toda la vida para separarnos ahora. Ya lo hará la muerte…
—Entonces dirijámonos hacia el norte; y considero no haber vivido en vano si he podido despertar una amistad como la tuya, querido John.
—Acuérdate de los buenos momentos que hemos pasado juntos. Recuerda aquella vez que hicimos volver a la AbadÃa a Guy de Gisborne con toda su gente, en camisa; y cuando nos burlamos del sheriff; y cuando incendiamos Evil Hold…
—Y cuando rescatamos a sir Richard…
—¿Y esa vez que luchamos a puño limpio con el rey Ricardo y luego nos levantó la proscripción…?
—¿Y recuerdas las veces que hostilizamos al padre Hugo o a sus hombres?