Robin Hood
Robin Hood Robin Hood se había proporcionado un pequeño placer en su visita a Nottingham, a la vez que se había informado de lo que se decía de él en las esferas de los poderosos. Ahora, despedido al alfarero, ordenó a su gente que regresara al refugio de la espesura, y él, tomando las armas de que había despojado a Guy de Gisborne, se acercó con el mayor sigilo a las inmediaciones de su antigua granja, deseoso de ver qué pasaba en ella.
Con un cierto sentimiento de tristeza alcanzó a ver cómo los secuaces de Gisborne y los criados de la Abadía se disponían a preparar la tierra para la siembra de la cebada que él había pensado cosechar allí… El verano se acercaba rápidamente, y algunos brotes se veían ya en las puntas verdes de las ramas…
Pero él ya nunca podía volver a esas queridas tierras de Locksley; su cabeza tenía un precio, y la guerra con el padre Hugo y los barones había sido declarada a muerte. Así que, orientándose entre las breñas y los pantanos como sólo él podía hacerlo, tomó el camino de su refugio y fue a reunirse con sus amigos.
En este trayecto debía cruzar un torrente por sobre el tronco de un árbol que hacía las veces de puente, colocado allí por la naturaleza hecha casualidad.