Robin Hood
Robin Hood 
Tres días después, Isambart de Bellame cumplía su compromiso.
Treinta hombres fornidos y pertrechados hasta la exageración se presentaban a Guy quien, sin pérdida de tiempo, los unió a los suyos y partió hacia las entrañas de la selva de Sherwood, llevando provisiones para varios días.
En esa época de supersticiones y leyendas en que hombres, mujeres y niños creían por igual en toda clase de patrañas, desde los cuentos de hadas hasta las historias de dragones que hablan, la selva donde Robin y sus amigos se habían refugiado era varias veces más extensa de lo que es hoy día, y su solo nombre infundía cierto temor extraño a los campesinos y demás gente sencilla, para los que su espesura se hallaba poblada de inefables espíritus y seres sobrehumanos y funambulescos.
Contribuía a darle fama de lugar infernal su infranqueable frondosidad y los más caprichosos accidentes tectónicos de su suelo, como enormes cuevas que abundaban en su interior. La fantasía había hecho el resto…
El afán vigilante de Robin lo llevaba casi a diario hasta las cercanías de la granja de Guy, para estar al corriente de los movimientos de su enemigo.