Sir Gawain y el caballero verde
Sir Gawain y el caballero verde Tres veces habÃa hecho sobre sà la señal del Salvador, cuando divisó en el bosque un recinto rodeado por un foso, en lo alto de un otero que se elevaba sobre un llano, entre una maraña de ramas y troncos tremendos. Era el más atractivo castillo que nunca poseyera rey alguno, construido en una planicie, rodeado por un parque, una empalizada inexpugnable de estacas puntiagudas, y numerosos árboles en un cÃrculo de dos millas o más. El esforzado caballero contempló desde un extremo la fortaleza que reverberaba entre las hojas brillantes de los árboles. Luego, humildemente, se quitó el yelmo y dio gracias a Jesús y a San Julián, generosos los dos, por haberse dignado escuchar la gracia que pedÃa.
—¡Ahora lo que os ruego es que me concedáis un albergue! —exclamó el caballero.
Picó luego a Gringolet con sus espuelas doradas, y salió éste por ventura al camino, llevando a su amo hasta el extremo del puente. Dicho puente estaba levantado; atrancadas las puertas, y dispuesta la sólida muralla a resistir impasible el más furioso asedio.