Textos hermeticos
Textos hermeticos Ante todo dirige tu plegaria, Tat, al señor, padre y único, a aquel que no es el uno sino su origen[79], y suplícale que te sea propicio y que puedas comprender a tan poderoso Dios. Que ilumine tu inteligencia aun con uno solo de sus rayos, pues sólo el pensar, siendo invisible, puede ver lo invisible. Si accedes a ello, Tat, se te mostrará a los ojos del pensamiento, pues el señor se manifiesta con generosidad a través de todo el cosmos.
Porque si no puedes ver con los ojos o asir con tus manos tu mismo pensar, ¿cómo pretender contemplar la imagen de Dios?, si te resulta invisible incluso lo que hay en ti, ¿cómo podrá aparecer ante tus ojos [aquél que es en sí mismo]?
Dios visibleen el cosmos.En el macrocosmos3Pero si estás dispuesto a verlo, levanta primero tus ojos al sol, observa el curso de la luna y considera la ordenada disposición de los astros.
¿Quién puede custodiar ese orden?, pues todo orden está delimitado por un número y un lugar.
Y qué decir del sol, del más poderoso de los dioses celestes, al que todos los demás le ceden el paso como a su rey y soberano, de un astro de tales dimensiones, mayor que la tierra y el mar, que soporta, llevando sobre sí mismo, a los astros menores en sus órbitas. ¿A quién puede reverenciar el sol, hijo? ¿A quién temer?