Textos hermeticos
Textos hermeticos —Padre, nos has henchido con la buena y más hermosa visión y poco ha faltado para que el ojo de mi pensamiento no experimentara un temor reverencial ante ella.
—Justamente, pues la visión del bien puede compararse a la de un rayo de sol; pero si bien éste nos deslumbra obligándonos a cerrar los ojos, la visión del bien, por el contrario, tanto más resplandece cuanto más capaces seamos de admitir el fulgor de su resplandeciente claridad inteligible: aun alcanzándonos más ardientemente, resulta inofensiva y llena de la inmortalidad toda[111].
5Sin embargo, la visión más hermosa sólo está reservada a quienes son capaces de adentrarse más y más en ella, de ascender a ella desde el cuerpo, adormecidos los sentidos. Ésta es aquella misma visión a la que accedieron Urano y Crono, nuestros progenitores.
—Ojalá también nosotros seamos capaces de ello, padre.
—Ojalá hijo, ¡ojalá!, pero todavÃa estamos demasiado débiles y nos fallan las fuerzas para abrir los ojos del pensamiento y poder contemplar la belleza de este bien, para poder ver, en suma, lo incorruptible e incomprensible. Sólo la verás cuando ya nada puedas decir sobre ella, conocerla supone un silencio divino[112] e inactividad de los sentidos.