Tristan e Iseo
Tristan e Iseo El buen acuerdo y la amistad reinaron de nuevo entre la reina y Brangel. Desaparecieron los temores del corazón de Iseo. El rey la honraba y siempre que lo deseaba podía encontrarse con su amigo. Pero ¿cómo podrían guardar sigilo sus corazones ardientes? Amor los acosa y hostiga como la sed precipita al río al ciervo sediento o el gavilán, al que se da rienda suelta tras largo ayuno, cae sobre la presa. ¡El amor no puede ocultarse!
