Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —¡Hijo! —dice Governal—. ¿Qué vas a hacer? ¡Mira a tu amiga!
—¡Dios! —exclama Tristán estupefacto—. Bella Iseo. ¡Qué aventura! Mejor hubieras muerto por mà y yo por ti antes que ser entregada a estas gentes.
Espolea su caballo y se lanza fuera de la maleza, cortando el paso al leproso.
—¡Basta! ¡Suéltala en el acto si no quieres perder la cabeza!
—¡Compañeros! ¡Usad los bastones! ¡Van a ver quiénes somos!
¡HabÃa que ver a los malatos resoplar, quitarse capas y pellizas, blandir sus bastones y muletas, proferir gritos e injurias! Repugnaba a Tristán herir a tales gentes. Governal, que acude al griterÃo, golpea a Iván con una rama de verde encina y le hace soltar a Iseo. La sangre brota y fluye hasta sus pies.
Algunos narradores dicen que Tristán y Governal ahogaron a Iván: son charlatanes que conocen mal la historia y la deforman. Béroul, cuya memoria es más fiel, sabe que Tristán era demasiado gentil y cortés para matar al leproso.
La reina sube al caballo de Tristán. Ambos emprenden la huida al galope, seguidos por Governal. Atraviesan las llanuras. Iseo sonrÃe feliz: ha olvidado los sufrimientos pasados. Los tres se alejan de la corte del rey Marcos y buscan refugio en el bosque de Morois.