Tristan e Iseo
Tristan e Iseo El rey ordenó a un escudero que lo soltase. ¡Todos se encaramaron en sus asientos por temor a que los mordiese! Pero ¡el animal no pensaba en atacarlos! Una vez libre se dirigió hacia la habitación en la que vivÃa Tristán. Allà ladra y gime hasta que encuentra sus trazas. Sigue los pasos de su señor cuando fue apresado y condenado: va a la cámara en la que fue traicionado y capturado, corre hasta la capilla y salta por la ventana, hiriéndose en una pata. En la linde del bosque se detiene unos momentos, como si buscara su pista, luego se introduce en él. El rey y sus barones lo siguen conmovidos.
Al llegar a los primeros árboles de la floresta los caballeros recomiendan a Marcos regresar:
—Mejor harÃamos dejando de seguir a este perro: podrÃa llevarnos a un lugar del que fuera difÃcil volver.
El bosque retumba con los ladridos del braco. Tristán estaba con la reina y Governal cuando llegaron hasta ellos sus gritos lejanos.
—Es Husdén —dice Tristán—. Cuidad que el rey no lo siga.