Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Piensa que los felones y el rey han seguido la pista del animal. Angustiado se levanta de un salto, coge su arco y lo tensa. Los tres se ocultan tras la maleza. No tarda en llegar el animal. Al reconocer a su dueño, levanta la cabeza, mueve la cola, se revuelca y brinca de alegrÃa. Luego salta sobre la rubia Iseo y Governal. ¡Hasta al caballo hace fiestas! Tristán se aflige.
—¡Lástima que nos hayas encontrado! Un perro no puede permanecer silencioso en el bosque y es un peligro para un proscrito. Sus ladridos nos descubrirÃan. El rey Marcos nos busca por llanos, montes y arboledas para hacernos perecer en la hoguera. ¡Más valdrÃa matarlo, pero serÃa una cruel recompensa a su fidelidad!
—Señor —dice Iseo—, no lo matéis. Oà contar de un florestero gales que poseÃa un perro al que habÃa adiestrado para cazar en silencio. PodrÃamos intentarlo.
Tristán reflexionó unos momentos y compadecido dijo:
—No podrÃa matarlo. Voy a enseñarle a cazar en silencio.