Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Tristán va de caza con Husdén. Otea la pieza, se pone al acecho, dispara su arco y la hiere. El perro la persigue ladrando y el bosque retumba con sus gañidos. Tristán le pega. El perro calla, pero abandona la persecución de la pieza; mira a su amo sin saber qué hacer. Tristán lo coloca detrás de sí y bate el bosque con una varilla de castaño. El perro vuelve a ladrar, pero Tristán no abandona su entrenamiento. Antes de un mes había aprendido a perseguir la presa por la hierba, el hielo o la nieve a la muda. Nunca dejó escapar una pieza y les prestó muy grandes servicios. Cuando coge un corzo, un ciervo o un gamo, si es en el bosque lo cubre de ramas; si es en la landa lo esconde bajo hierbas y vuelve, sin un ladrido, a advertir a su amo.