Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Tienes razón. Ha cambiado mi espada por la suya: podría habernos matado. Sin duda estaba solo y ha ido a buscar refuerzos. Salgamos del Morois, huyamos hacia el país de Gales.
En aquel momento llega su escudero con el caballo. Governal se sorprende al ver la palidez de su señor.
—¿Qué os ocurre? —le dice.
—Maestro —responde Tristán—. El fiero Marcos nos ha sorprendido mientras dormíamos. Ha cambiado las espadas y los anillos. Ha dejado su guante. Ha ido en busca de sus hombres y temo que nos prepare una celada. Querrá colgarnos o quemarnos y esparcir nuestras cenizas en presencia del pueblo. Sólo huyendo podremos salvarnos.
Escapan precipitadamente. Llenos de temor y angustia, cabalgan a rienda suelta durante varias jornadas. Salen del Morois, se adentran en el país de Gales. ¡Cuántos sufrimientos les deparó su amor! Más de dos años vivieron en el bosque, como ciervos acosados, unas veces errantes, otras refugiados en grutas o cabañas.