Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Desde que había oído la voz de Tristán, el rey se revolvía impaciente en su lecho. Mandó despertar a su capellán. Lo hizo venir a su cámara, le entregó la carta y escuchó atentamente su lectura. Sentía una gran alegría: su rencor hacía tiempo que había desaparecido y seguía amando a la reina. Despertó a sus barones y llamó a consejo a sus más allegados. Entonces les dijo:
—Señores, esta carta he recibido. Escuchad su contenido y luego aconsejadme noblemente como corresponde a los vasallos con su señor.
—Señores, escuchad —dijo Dinas levantándose el primero—. Conozcamos el contenido de esta carta y después quien tenga buen consejo que dar que lo haga, pues no hay peor mal que dar mal consejo a su señor.
Los nobles asintieron viendo la cordura de sus palabras. El capellán comenzó la lectura de la carta:
