Tristan e Iseo
Tristan e Iseo «Tristán, el sobrino de nuestro señor, envía sus saludos y sus deseos de amor al rey y a toda su baronía. Rey, recordad vuestro matrimonio con la hija del rey de Irlanda. Yo atravesé el mar y la conquisté con mi esfuerzo: me fue entregada en recompensa por haber dado muerte al dragón con cresta y escamas. La traje a vuestro reino y vos la tomasteis por mujer delante de vuestros barones. Poco tiempo habíais vivido con ella cuando los detractores os hicieron creer sus calumnias. Para demostrar la inocencia de la reina, me batiré con cualquier caballero que se atreva a afirmar que Iseo y yo nos amamos con amor culpable. Señor, recordad que en vuestro enfado quisisteis condenarnos a la hoguera. Dios tuvo piedad de nosotros. Escapé a la muerte saltando desde una alta roca. Entregasteis la reina a los leprosos, pero yo se la arranqué y la llevé conmigo para salvar su vida. ¿Cómo podía abandonar a la princesa que yo traje de Irlanda y que había sido injustamente condenada por mí? Con ella huí al bosque, pues, por temor a vuestro bando, no podía mostrarme en terreno descubierto. Habíais ordenado nuestra captura y sólo podíamos huir. Si queréis volver a tomar a Iseo, la del rostro claro, como vuestra esposa, no hallaréis en todo el país barón que os sirva con más lealtad que yo. Pero si os aconsejan alejarme de vuestra corte, cruzaré el mar, entraré al servicio del rey de Frisia y nunca más oiréis hablar de mí. Tomad consejo prudente. ¡Muchas penalidades hemos soportado en el bosque! O bien aceptáis nuestra reconciliación o bien devolveré la hija del rey a Irlanda, de donde la tomé, y será reina en su país».