Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Los barones oyeron que Tristán los retaba en duelo por la hija del rey de Irlanda. ¡Quién podÃa recoger el desafÃo! ¡Más valÃa acceder a la reconciliación y aceptar a la reina!
—Rey —dijeron a coro—, volved a tomar a vuestra esposa. Fueron insensatos los que levantaron calumnias contra la reina. En cuanto a Tristán, más vale que vaya a servir al poderoso rey de Galvoya a quien Corvos hace la guerra. Allà hallará de qué vivir y si un dÃa lo deseáis podréis hacerlo volver a vuestra corte.
El rey preguntó tres veces:
—¿Hay alguien que acuse a Tristán de villanÃa y amor deshonesto con la reina?
Al ver que sus barones callaban, el rey se dirigió a su capellán:
—Ponedlo por escrito. Decid que acepto la reconciliación y que tomaré a la reina. Tristán marchará a otras cortes. ¡Estoy impaciente por ver a la bella Iseo que tantas calamidades ha soportado! Una vez sellada la carta, la colgaréis de la Cruz Roja esta misma tarde. No olvidéis los saludos de mi parte.
El capellán cumplió los deseos de Marcos. Tristán, por su parte, atravesó la Blanca Landa antes de la medianoche y recogió la carta sellada. Reconoció los emblemas de Cornualla y volvió a casa del ermitaño, que la leyó.