Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Alegraos, Tristán —dijo el buen hombre—. El rey accede a lo que pedÃais y vuelve a tomar a su esposa, según el consejo de sus barones. Pero no desean que permanezcáis en su corte: iréis a guerrear al servicio de otro señor durante uno o dos años. Después, si el rey lo quiere, podréis regresar junto a él. Dentro de tres dÃas entregaréis a la reina en el Vado Aventurero.
—¡Dios! —dijo Tristán—. ¡Pronto nos separaremos! ¿Existe dolor mayor que el de perder a su amiga? Bella Iseo, ¿cómo podrÃamos evitarlo? Muchas penalidades has soportado por mà en este bosque salvaje. Cuando llegue el momento de despedirnos, te haré un presente en prueba de mi amor y tú a mÃ. En cualquier parte del mundo en que esté, en paz o en guerra, te haré llegar mis mensajes y acudiré en tu ayuda siempre que lo desees.
Iseo suspira y dice:
—Tristán, déjame a Husdén. Nunca montero tuvo perro tan bien tratado como éste lo será. Amigo, al verlo me acordaré de ti y por triste que esté recobraré la alegrÃa. Tomarás a cambio mi anillo de jaspe verde. Si un dÃa un mensajero dice venir de tu parte no lo creeré, por más que haga o diga, si no me muestra este anillo; pero si yo lo veo nada podrá impedir que haga cuanto me hayas mandado, por más que pueda parecer locura o insensatez.