Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Amigo Tristán, si me envÃas este anillo de jaspe verde no habrá torre, muralla, fortaleza que puedan retenerme e impedir que siga tu mandato.
Tristán la toma en sus brazos, la abraza y la besa.
—Amigo. Escucha una última petición. Me conduces al rey y a él me entregarás siguiendo los consejos del ermitaño. En su corte estaré rodeada de gentes extranjeras, sin nadie de mi linaje que me defienda: no abandones el paÃs hasta saber cómo el rey se comporta conmigo. Al caer la tarde, cuando me hayas dejado junto al rey, ve a casa del florestero Orri: en la bodega de su cabaña encontrarás un refugio seguro. Te enviaré a PerinÃs que te llevará noticias de la corte. Amigo, mucho temo a los felones que nos acusaron. ¡Ojalá el infierno se abra para tragarlos y tengan pronto su castigo!
—Nada podrán, querida amiga. Permaneceré oculto. ¡Quién se atreva a acusarte tendrá que cuidarse de mà más que del Enemigo!
Abandonan el bosque. Se adentran en la llanura. Intercambian los saludos. El rey cabalga briosamente con Dinas de Lidán, a un tiro de arco de sus caballeros. Tristán avanza llevando por las riendas el palefrén de la reina.