Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Dios os lo pague, señor —dice Tristán tomándola y guardándola bajo su capa.
—¿De dónde eres? —le pregunta el rey.
—De Carlion, soy hijo de un gales.
—¿Desde cuándo vives alejado de las gentes?
—Desde hace tres años, señor. Mientras estaba sano, tenÃa una amiga cortés. Por ella tengo estas corcovas. Ella me hace tocar, dÃa y noche, estas tablillas para atraer con su ruido a los transeúntes que me dan limosna por amor de Dios.
—¿Cómo te produjo este mal tu amiga?
—Señor rey, su marido era malato. Como hacÃa el amor con ella, este mal me vino de nuestra vida en común. Pero no existe mujer más bella que ella.
—¿Y quién es? —pregunta el rey divertido.
—La bella Iseo se viste como ella.
El rey rÃe al escucharlo. Arturo se acerca al rey, lo saluda y le pregunta por la reina. «Viene por el páramo —dice Marcos—. Dinas la acompaña». Y ambos comentan la dificultad de atravesar el Mal Paso.
Llegan los tres felones. ¡El fuego del infierno los engulla! Preguntan al malato el lugar de más fácil acceso. Tristán señala con su cachava una gran grieta:
—Veis la turbera detrás de esta charca. Es el mejor sitio para pasar: por allà vi atravesar a varios.
Entran en el fango por donde el malato les señala. Los caballos resbalan y se hunden hasta los arzones.