Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Sà —responde Girflet—, el de las insignias negras es el Negro de la Montaña. También conozco al otro, al de las armas moteadas: es un color que no se usa en este paÃs. Ambos son seres de otro mundo.
Comienzan las justas. No tardaron Tristán y Governal en derrotar a todos sus adversarios. Ignorando quién es, Andret embiste contra Tristán que para el golpe y lo tira a tierra rompiéndole el brazo. Iseo reconoce a su amigo y sonrÃe. Entonces Governal descubre al florestero que habÃa querido entregar a Tristán y la reina cuando dormÃan en el bosque. SalÃa de las tiendas. El fiel ayo corre hacia él y lo atraviesa con su lanza de parte a parte. Cae el traidor al suelo, muerto sin tiempo para pedir confesión.
Acabaron las justas y juegos. Tristán y Governal vuelven a pasar el vado ante los ojos extrañados de todos los barones que piensan que son fantasmas y no hombres terrenales.
Arturo cabalga al lado de Iseo. Ambos se dirigen a la Blanca Landa. ¡Corto se le hizo el camino! Resplandece la pradera con las tiendas ricamente engalanadas. Brilla el oro de tapices y alfombras. Muchos caballeros pasean con sus amigas.