Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Tristán vivÃa en la angustia, recordando a la reina, pero ocultaba celosamente su tristeza. FingÃa la alegrÃa y todos lo creÃan un hombre sano, fuerte y contento. El viejo duque nada podÃa sospechar y KaherdÃn ignoró su tristeza durante mucho tiempo. A todos hacÃa buen semblante. Participó en diversas luchas con KaherdÃn. Siempre estaba dispuesto a entablar una partida de ajedrez o de tablas o a aceptar una cabalgada o a perseguir por el bosque ciervos, corzos o gamos en compañÃa de su amigo. Un dÃa que salió con el duque de cacerÃa por el bosque, llegaron a un rÃo ancho y profundo que corrÃa impetuoso por entre los grandes riscos.
—Tristán, amigo —le dijo el duque—. Aquà acaban mis dominios. Antaño se extendÃan al otro lado del rÃo, pero hubo terribles combates, en los que perecieron muchos caballeros de este reino. En la otra orilla guarda la región un temible gigante, llamado Moldagog, y si alguno de mis hombres osase atravesar el rÃo siquiera para perseguir un corzo, invadirÃa mis tierras y las pondrÃa a sangre y a fuego. Todos mis barones juraron este pacto. Os lo digo para que nunca atraveséis este vado: serÃa vuestro fin y el de nuestras tierras.
