Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Los amantes vivieron felices durante más de una semana. Multiplicaron las astucias para volver a encontrarse. Pero no pasó mucho tiempo sin que los envidiosos descubrieran su comercio. Andret, que habÃa sospechado el regreso de Tristán desde que KaherdÃn se habÃa acercado al cortejo, apostó sus espÃas junto a la reina. Sintiéndose vigilados, Tristán y KaherdÃn decidieron huir. Corrieron hacia el lugar donde habÃan dejado sus armas y escuderos, dispuestos a regresar a Bretaña, aun en contra de su deseo. Por desgracia, el puesto estaba vacÃo: Andret, merodeando por el lugar con siete hombres armados, habÃa descubierto su escondite. Al ver el peligro, los escuderos habÃan tomado las armas de sus señores y emprendido la fuga. Andret reconoció el escudo de Tristán y los persiguió gritando:
—¡Malhaya de estos caballeros cobardes y felones que huyen despavoridos!
Andret espolea su caballo intentando acortar camino con los fugitivos:
—Caballeros —les grita—. ¡Por el amor de vuestras damas, deteneos!
Pero los criados prosiguen su galope, atraviesan el valle, pasan la zona pantanosa y abandonan el camino abierto para tomar senderos estrechos y tortuosos, donde la maleza los oculta a los ojos de sus perseguidores.