Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Rojo de rabia, Andret abandona la persecución y regresa al castillo maldiciendo la cobardÃa de Tristán y de su compañero. Pronto se consuela, el malvado, pensando llevar la mala noticia a la reina. Acude ante ella a decir sus pullas y maldades:
—Señora, búho me habéis llamado. Pero tendréis que escuchar mi canto.
—No sois el búho, sino el milano, que se abate sobre los pequeños y envidia a los grandes.
—Tal vez yo sea el milano, pero vuestro amigo es el alcotán.
—¿Qué queréis decir? —pregunta la reina.
—Señora. Ayer encontré a dos caballeros en el bosque y pude reconocer el escudo de Tristán. Por tres veces lo interpelé en vuestro nombre para que se detuviera, pero él siguió huyendo sin volver la cabeza hasta desaparecer de mi vista.
—No puedo creer vuestras palabras —replicó Iseo malhumorada—. Mentira es cuanto decÃs y fruto de vuestra imaginación.
Luego acudió Andret en busca de Brangel y le dijo:
—Brangel, pasasteis la noche con el más cobarde caballero que nunca la tierra llevó. Por más que le conjuré para que se detuviera por amor a su dama, huyó ante mà como la liebre ante los galgos. ¡Bien elegisteis vuestro amor!