Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Enloquecida al escuchar estas palabras, furiosa, llena de ira y de rabia, Brangel corre adonde se encuentra la reina que permanecÃa triste, pensando en su amigo.
—Señora —le dice—. ¡En mala hora os conocÃ, a vos y a vuestro amigo Tristán! ¡Por vuestra culpa he caÃdo en deshonor! Abandoné mi paÃs por serviros y os sustituà junto al rey en el lecho nupcial para ocultar vuestra deshonra. En recompensa, ordenasteis a vuestros siervos que me quitasen la vida. No por ello busqué vuestra perdición. ¡Ojalá lo hubiera hecho! Pero perdoné vuestra maldad. Ahora habéis pagado mi fidelidad y mi amor urdiendo la vil infamia de KaherdÃn. ¡Mucho lo alababais! DecÃais que era el hombre más noble, valiente y generoso. Con vuestros embustes y engaños intentabais hacerme caer en las redes de quien sólo deseaba una compañera para su lubricidad. ¡Nunca hombre más cobarde llevó escudo ni espada! ¡Quien huye despavorido ante enemigo tan poco temible como Andret merece la deshonra y la muerte! Señora, ¿dónde aprendisteis a ser Richeut[30]? ¿Por qué me habéis envilecido entregándome a un ruin cobarde cuando tantos valientes me requerÃan de amores?
El corazón de la reina se llenó de angustia, de temor y de pesar al escuchar los reproches de quien habÃa sido su mejor confidente y fiel guardián de sus secretos.