Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —¡Ay de mÃ! ¡Desgraciada! —dice la reina en medio de sus suspiros—. ¡De qué me ha servido la vida si sólo penas y sinsabores he conocido en esta tierra extranjera! ¡Tristán! ¡Mal os venga! ¡Tú me sacaste de mi patria, me separaste de los mÃos y me trajiste a este reino en el que sólo he conocido infortunios! ¡Por ti perdà el aprecio de mi señor y soporté calumnias, persecuciones y acusaciones! ¡Por ti pierdo a mi más fiel compañera y consejera! ¡Mal pago recibo por mi amor! Amiga, nunca maquiné ninguna traición contra vos. Si os querÃa dar a KaherdÃn, lo hacÃa con recta intención. Es noble, duque poderoso, guerrero probado. No creáis que huyó de Andret por temor: no prestéis oÃdos a los mentirosos y embusteros. Brangel, los malvados envidiosos de esta corte urden nuestro enfado.
¡Qué alegrÃa para ellos si lo consiguieran! Porque, ¿quién me honrarÃa en este reino si vos me odiáis?, ¿quién me respetarÃa si me envilecéis? Conocéis mis acciones y mis pensamientos, pero ¿qué ganarÃais si en un momento de ira me difamaseis ante el rey? PerderÃais mi estima y quedarÃais deshonrada pues fuisteis mi consejera. Brangel, amiga, ¡abandonad vuestro enfado!