Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —¡Locos! ¡Locos! ¡Fuera de aquÃ! ¡Dejadme hablar a solas con Iseo! Vine a ofrecerle mis servicios.
El rey era amigo de chanzas y mofas. Decide seguir la broma:
—¡Fullero! ¡Ven aquÃ! ¿No es cierto que la reina Iseo es tu amiga?
—Asà es y no podré negarlo. Yo vencà al Morholt que reclamaba un tributo de doncellas y acudà a Irlanda, disfrazado de mercader, en busca de la reina.
—Este hombre miente —dice la reina—. ¡Cuenta el sueño que tuvo anoche mientras dormÃa borracho! El alcohol le hizo divagar.
—Verdad es —responde el loco—. Borracho estoy por haber bebido un brebaje de hierbas del que nunca me pude librar.
Iseo se levanta impaciente, haciendo ademán de retirarse. El rey la retiene por la capa de armiño y la invita a sentarse de nuevo a su lado.
—Iseo, amiga. ¡Tened un poco de paciencia! ¡Escuchad al loco hasta el final! Dime, insensato. ¿Qué oficios sabes hacer?
—Rey, he servido a reyes, duques y condes.
—¿Entiendes de perros y de aves?