Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —¡Oh! ¡SÃ! Los tuve muy buenos. Cuando me plazca cazar en el bosque, con mis señuelos atraparé grullas, de las que vuelan allá arriba, cerca de las nubes; con mis sabuesos cazo cisnes, con mis halcones ocas blancas y grises, con mi arco mato somorgujos y alcaravanes.
—Amigo —añade el rey riendo de buena gana—, ¿y qué coges en el rÃo?
—Rey —responde el loco con una sonrisa—. Cojo cuanto allà encuentro. Con mis azores atrapo lobos salvajes y osos enormes, con mis gerifaltes capturo jabalÃes que ni en monte ni en valle logran escapar, con mis neblÃes de alto vuelo cojo ciervos y gamos, mi gavilán cala al zorro de larga cola, cazo la liebre con el esmerejón y el castor con el barbarÃ. Sé tocar el arpa, la rota y la cÃtara y cantar como los pájaros. Amo a una noble reina y no existe en el mundo amante que pueda igualarme. Con mi cuchillo tallo ramitas para arrojarlas al rÃo. Soy hábil juglar y ahora podréis comprobar mis habilidades.
El loco golpea con su cachava a cuantos encuentra a su alrededor.
Poco después ordena el rey a su escudero que ensille sus caballos y avise a sus cetreros: según su costumbre, quiere salir de caza para ver cómo sus halcones capturan las grullas. Los caballeros le siguen, la reina se retira, pensativa y preocupada, a su habitación: