Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Brangel —dice a su doncella—. Ese loco debe de ser brujo, adivino o nigromante. ¿Viste cómo conocÃa todos los detalles de mi vida y de la de Tristán? Ve en su busca y mándale que venga. Asà podremos saber cómo aprendió tantas cosas.
Brangel regresa presurosa a la sala donde Tristán está solo, sentado en un banco.
—Loco, mi señora desea hablaros. Gran esfuerzo hicisteis para contar vuestra vida: estáis lleno de fantasÃas. ¡Gran bien os harÃa quien os mandase colgar!
—Brangel, serÃa gran crimen. ¡Cuántos más locos que yo cabalgan!
—¿Qué diablo con plumas grises y ojos de sangre os enseñó mi nombre?