Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —El salto de la capilla. Os condenaron a la hoguera y os entregaron a los leprosos. ¡Cómo discutÃan y se peleaban por vos! Echaron suertes para ver quién os poseerÃa primero. Yo les preparé una celada con Governal. ¡Qué golpes les daba con las mismas muletas en las que apoyaban sus muñones! Un tiempo vivimos en el bosque donde tantas lágrimas derramamos. ¿No vive ya el ermitaño OgrÃn?
—Dejad en paz al ermitaño. ¿Cómo os atrevéis a hablar de él? En poco os parecéis: él es un buen hombre y vos un truhán. Queréis engañar a las gentes: podéis haber sorprendido los secretos que contáis.
—Señora, cuando veáis quién soy os arrepentiréis. Dicen que los servicios de amor logran presta recompensa: bien veo que no es asà para mÃ. Yo solÃa tener una amiga, ahora veo que la he perdido. ¡Cuánto más fiel no fue mi braco que, al no verme regresar al palacio, enfureció y rechazaba por mà toda comida! Hubieron de soltarlo y corriendo llegó hasta nosotros en el bosque. Señora, ¿qué ha sido de Husdén?
—Lo guardo para entregarlo a Tristán cuando nos volvamos a reunir.
—Mostrádmelo. Tal vez me reconozca.