Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Amiga, me han descubierto. ¡Tengo que huir y quién sabe si podré volver! Los dos sollozaban.
—¡Ah!, Tristán —dijo Iseo—. Tal vez uno de los dos haya muerto cuando volvamos a encontrarnos.
—¿Quién sabe si nos volveremos a ver? —dice Tristán—. Pero prométeme que si un dÃa te envÃo un mensajero con el anillo harás cuanto te pida.
Tristán abraza una última vez a su amiga. Desciende las escaleras, pasa el puente y se marcha, la cabeza rapada, la clava al cuello, vestido con su vieja túnica raÃda.