Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Tristán regresó a Bretaña, donde fue recibido con alegría por Kaherdín. Los dos llevaban una vida agradable con sus amigos y vasallos. Salían de caza e iban a justas y torneos por los alrededores del país. La fama de su valentía y generosidad crecía por toda la región. Cuando no asistían a lides, galopaban por el bosque hasta la sala de las imágenes, donde se recreaban contemplando los retratos de sus amigas y se desquitaban de sus largas noches solitarias.
