Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Señor, ¿por cuál de ellos preguntáis? El rey Marcos posee varios y vive en uno u otro según la época del año, unas veces en Lancien, otras en Tintagel.
—¿Está lejos de aquà Tintagel?
—No sé —respondió el campesino—. Nunca estuve allÃ. Pero si marcháis en dirección de poniente, veréis el mar y a la izquierda, sobre un acantilado, encontraréis, según creo, el castillo preferido de Marcos. Dicen que Tintagel es ciudad hechizada: desaparece dos veces al año, una en invierno y otra en verano y se hace invisible incluso para las gentes de la región. Está rodeada de bosques ricos en agua y caza. Un muro poderoso defiende la ciudad del lado del puerto. Cuentan que en otro tiempo lo levantaron gigantes para su defensa.
—Gracias, amigo —le dijo Tristán—. Venimos de lejos y no somos ricos. Ten, sin embargo, para mostrarte nuestro agradecimiento.
Tristán le tendió un ferlÃn.
Siguieron su camino durante dos dÃas y dos noches hasta descubrir el mar en la lontananza. Poco después vieron los muros de Tintagel que relucÃan al sol como metales bruñidos. A la vista de la ciudad, se detuvieron en un prado, junto a una fuente. Los palafreneros desensillaron los caballos, el cocinero preparó la comida y todos se sentaron sobre la hierba para el almuerzo.