Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Rey Marcos, mi señor, el rey Gormón de Irlanda, me envÃa a recoger el tributo que debes satisfacer cada cinco años. En el plazo de dos dÃas reunirás los trescientos jóvenes y las trescientas doncellas que embarcarán en mi nave para llevarlos como siervos a Irlanda. Si alguno de tus barones, de igual nobleza que yo, osase declarar que mi señor levanta este tributo contra todo derecho y justicia, yo lo desafÃo a luchar conmigo en la isla de San Sansón, a pocas leguas de aquÃ.
Cabizbajos y avergonzados, los barones callaban. Se reprochaban su cobardÃa, sin atreverse a entrar en lid contra el Morholt. Señores, ¿quién habrÃa sido lo suficientemente audaz o temerario como para medir sus armas contra el poderoso barón cuya sola vista espantaba? ¡El oprobio caiga sobre todos ellos! Contemplaban su espada que tantas cabezas de intrépidos campeones habÃa hecho rodar. ¿De qué servirÃa tentar a Dios aceptando reto tan desigual? Los barones se miraban los unos a los otros. ¡Ni uno sólo osó afrontar al fiero irlandés ni aceptar su reto para liberar a Cornualla de tan infamante servidumbre!
Tristán escuchaba las palabras del Morholt y pensaba en remediar esta infamia. Se acercó en secreto a Governal y le dijo: