Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Señores irlandeses —gritó a los compañeros del gigante—, el Morholt luchó con todas sus fuerzas hiriéndome duramente. Pero su cuerpo quedó en la isla. ¡Id a recogerlo y decidle a vuestro rey que éste es el tributo de los cornualleses!
Las gentes de Tintagel los despidieron entre gritos de alborozo, risas y algaradas: «¡Marchaos y nunca más piséis nuestras costas! ¡En mala hora acudisteis a Cornualla!».
En medio de los cantos de alegrÃa, del tañido de las campanas, de la algarabÃa de trompas y bocinas, llegó Tristán hasta el rey que habÃa salido a su encuentro. Entonces se desplomó en sus brazos mientras la sangre brotaba de sus heridas.