Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Los autores de los textos antiguos insisten en el sino adverso que envuelve las vidas de Tristán e Iseo, vinculado a su amor trágico, nacido del filtro, germen de dolor y de muerte. Los protagonistas conservan, a través de las dificultades, su esperanza de vivir. Astutos y audaces, actúan como si ningún destino implacable los aguardase. No parece influirles la fatalidad que los marca desde su nacimiento: el nombre de Tristán, en la mayorÃa de las versiones, se relaciona con «tristeza» y su entrada en la vida sucede en trágicas circunstancias. Tal vez la leyenda sea el relato del fracaso de la pasión total o del amor humano imposible, pues éste surge por efectos mágicos, sólo se explica por arte de nigromancia y encuentra su culminación en la muerte, pero sus protagonistas niegan tanto su fracaso como su imposibilidad. Apenas conscientes de vivir una experiencia única, Tristán y la reina están decididos a no dejar encerrar su conducta dentro de los rÃgidos esquemas sociales y morales de su época. Puede sorprender la ausencia de sentimientos religiosos de los personajes, la carencia absoluta de arrepentimiento moral de los amantes, que no dejan de proclamar su inocencia. Es más, Dios mismo se hace su cómplice y los ayuda a escapar del peligro; incluso los elementos naturales los favorecen: el viento hincha los vestidos de Tristán para amortiguar su caÃda cuando salta de la capilla encaramada sobre un acantilado escarpado, huyendo de la hoguera que el rey Marcos ha encendido para ellos. Ningún autor medieval se atreve a condenar sus amores; el buen ermitaño al que acuden inventa piadosas mentiras para reconciliarlos con el rey, intuyendo que algo en sus vidas está más allá del bien y del mal. Si algo añoran los amantes, cuando la disminución del filtro les impulsa a abandonar la vida errante y salvaje en el bosque de Morois, es la pérdida de su posición social. El conflicto entre moral individual y moral ortodoxa se soslaya gracias a la magia del filtro, que los redime y hace inocentes, y acaso también a la creencia popular de que Dios protege y ayuda a los amantes. Los autores insisten, por el contrario, en el conflicto entre el individuo y la sociedad representada por la corte de Marcos en Cornualla. En ningún momento sienten los amantes deseos de huir de la sociedad. La vida en común en medio de la naturaleza, en la bella escena del bosque de Morois —episodio cumbre en torno al que se organiza la historia— no ha sido buscada voluntariamente: han huido, atemorizados, para salvar sus vidas (en las versiones de Béroul y Eilhart) o han sido expulsados de la corte (como en la versión de Thomas). Es inexacto hacer de Tristán un rebelde social. Por su conducta puede juzgársele como tal en algunos momentos, pero su intención es siempre distinta. Su conflicto es más Ãntimo y profundo. Salvo en la tardÃa novela en prosa, Tristán respeta y ama a su tÃo, el rey Marcos, esposo de Iseo, y si es desleal con él actúa impulsado por una fuerza superior, nacida del filtro, que se ha identificado con su propio ser. En contra de su voluntad quebranta la fidelidad que le vinculaba a su señor y de la que nacÃa su gloria de caballero. En ocasiones su actuación recuerda la de los protagonistas de las epopeyas llamadas de los «barones sublevados», que también quebrantaban la fidelidad que debÃan a su señor, y su historia presenta analogÃas de detalle con la de Girart de Rousillon. Los separa la intencionalidad (y la historia fue escrita en el siglo de Abelardo y su moral de la intención), por eso los primeros conocen el remordimiento que Tristán nunca sentirá.
