Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Al cabo de cuarenta días la herida se había cerrado y Tristán había recuperado su aspecto. Recordó a su tío, que lo esperaba sin tener noticias suyas, y a su fiel ayo Governal y, pues temía que alguien pudiera reconocerlo y vengar en él la muerte del Morholt, se despidió del rey, de la reina y de la rubia Iseo. Embarcó en la nave de un mercader que atracó en Tintagel de paso hacia Francia. Marcos y toda su corte lo recibieron con grandes muestras de alegría y todos se maravillaron al escuchar el relato de su viaje y de su curación.