Tristan e Iseo

Tristan e Iseo

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Así convencieron a la mayoría de los barones que incitaron al rey a tomar esposa que le diese herederos, amenazándole con retirarse a sus tierras y hacerle la guerra si no aceptaba sus consejos. El rey rechazó sus propósitos con firmeza, diciéndoles que nunca tendría su reino mejor heredero que Tristán. Marcos se resistía y juraba en su corazón que, mientras viviera su sobrino, ninguna hija de rey entraría en su lecho. Tanto maquinaron los barones que Tristán advirtió sus manejos y temiendo que alguien pudiera pensar que él, por codicia, había influido en el ánimo de su tío, acudió a él y le dijo:

—Tío, deberías seguir el consejo de tus barones que buscan tu gloria y buen nombre. Un rey no puede ser cura ni canónigo. Deberías tener una reina que realzase tu corte y te diese un hijo que un día pudiera sucederte en el gobierno de tu reino. Evitarías así los manejos de los envidiosos y, a tu muerte, el país no tendría que soportar las luchas y querellas de la sucesión.

Al ver que el rey no accedía a seguir su consejo, Tristán lo amenazó con dejar la corte y marchar a tierras extrañas a servir a otros señores. Tanto dijo, insistió y rogó que el rey accedió a convocar a sus barones.


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