Tristan e Iseo

Tristan e Iseo

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—Pertenece a la bella de los cabellos de oro —replicó el rey—. Dos golondrinas me lo trajeron. Preguntadles: ellas saben de qué país procede.

Perplejos y sorprendidos, los barones pensaron que el rey se mofaba de ellos. ¡Tristán había inventado esta burla para eludir el matrimonio del rey! Tristán comprendió sus sospechas y cuanto contra él maquinaban. Observó el cabello y recordó a la bella Iseo. Sonrió y dijo:

—Rey Marcos. Vuestro ardid levanta contra mí las sospechas de vuestros barones. Yo iré en busca de la bella de los cabellos de oro para acallar sus negros pensamientos en contra de vos y de mí. Sabed que la empresa es más arriesgada que cuanto nunca hice. ¡Más difícil será regresar de su país que de la isla en la que luché contra el Morholt! Pero para que vuestros barones sepan que os amo con lealtad, pongo mi fe en este juramento: o bien moriré en el intento o bien traeré a la corte de Tintagel a la reina de los cabellos dorados.

Tristán eligió a cien caballeros de entre los más nobles y valientes para acompañarle en su viaje. Luego embarcó, llevando a Governal, en una nave bien provista de víveres, bebidas, buen vino, harina y numerosas mercancías como si fuera nave de mercader. Todos vestían sayal y capa de carmelín basto, pero bajo el puente de la nave escondían sus calzas de buen paño, sus camisas de ranzal blanco, sus briales ricamente bordados.


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