Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Tristán cortó de raíz la lengua del dragón y la guardó en su jubón. Luego, aturdido por el humo acre, dio unos pasos en dirección a un estanque que se hallaba en las cercanías. Pero el veneno de la lengua de la bestia infectó su sangre y paralizó sus miembros. Su cuerpo se volvió negro y lívido y el héroe cayó inanimado entre los altos juncos que bordeaban el pantano.
¡Señores! Sabed que el fullero que Tristán había encontrado cuando cabalgaba hacia la aventura no era otro sino Aguyn-guerren el Rojo, senescal del rey de Irlanda. Era cauteloso, disimulado, duro de corazón, mentiroso y trapacero. Hacía tiempo que amaba a la princesa Iseo y, desde que el rey había pregonado su bando, todos los días se armaba para combatir al dragón. Pero era cobarde y al grito de la serpiente huía despavorido sin que todo el oro de Irlanda pudiera hacerle regresar. Cuando llegó a la puerta de la ciudad, se le ocurrió que tal vez aquel joven caballero tan resuelto tuviera más fortuna que él en la empresa. Volvió grupas y encontró el dragón muerto, el corcel abatido en el suelo y el escudo roto. No vio a Tristán, oculto por las hierbas del pantano, y, pensando que el monstruo lo había devorado, cortó la cabeza al dragón, la colgó de su silla y se presentó ante el rey reclamando la recompensa prometida.