Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Se hicieron los preparativos para el viaje. Equiparon una bella nave. Las doncellas de Iseo dispusieron el ajuar de la novia. Llenaron cofres y baúles con ricos vestidos, bellos atavíos y joyas preciosas. Los criados embarcaron las vituallas, la harina, la bebida, el vino y todos los alimentos necesarios para el viaje.
Entre tanto la reina recogió por montes y prados flores, raíces y hierbas, las mezcló en vino y compuso, por artilugios de magia, un brebaje misterioso que vertió en una redoma y entregó un secreto a la fiel Brangel.
—Brangel —le dijo—, acompañarás a mi hija al país del rey Marcos y la servirás con amor y lealtad. Toma esta redoma y guárdala celosamente. Cuida que nadie la vea ni acerque sus labios a ella, pues gran mal podría sobrevenir. Cuando llegue la noche de bodas y los esposos estén en su lecho, verterás su contenido en una copa que presentarás al rey y a Iseo para que lo beban juntos. Es el vino herbolado que preparé con mis manos. En cuanto lo hayan bebido, ambos se amarán de suerte que nadie podrá sembrar la discordia entre ellos. Durante tres años no podrán vivir separados sin enfermar y pasado ese tiempo seguirán amándose hasta la muerte.
Brangel lo tomó y prometió a la reina cumplir fielmente su voluntad.
