Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor Cuando la tormenta finalmente llegó, el cielo se desgarró con un estallido ensordecedor. Las primeras gotas de lluvia golpearon el suelo con fuerza, y el viento arrastró la arena como un latigazo. En cuestión de minutos, el resort se transformó en un campo de batalla contra los elementos.
—¡La luz se ha ido! —gritó una de las empleadas, corriendo hacia Alonso.
Él ya estaba en acción, reuniendo linternas y dirigiéndose a los generadores. —¡Quédate aquí, Noa! —le ordenó mientras pasaba junto a ella.
—Ni lo sueñes —respondió, siguiéndolo a pesar del viento y la lluvia.
Cuando llegaron a la sala de los generadores, la intensidad de la tormenta parecía haber alcanzado su clímax. El rugido del viento era tan fuerte que tenían que gritar para escucharse.
—¡Corta la palanca principal! —gritó Alonso mientras revisaba los fusibles.
—¡No sé cuál es la maldita palanca! —respondió ella, empapada y furiosa.
Alonso se detuvo por un segundo, mirándola como si evaluara su determinación. Luego señaló la palanca roja. —Esa. Hazlo rápido.
Noa obedeció, aunque cada músculo en su cuerpo temblaba. Cuando el generador finalmente volvió a funcionar, Alonso soltó un suspiro de alivio.