El paseante de las dos orillas

El paseante de las dos orillas

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Y así es como en Auteuil las buenas gentes viajaban agradable y curiosamente alrededor de Riciotto Canudo la habitación del señor Canudo.

Pero descendamos hacia el Sena. Es un río adorable. No se cansa uno de mirarlo. Lo he cantado muy a menudo en sus aspectos diurnos y nocturnos. Después del puente Mirabeau el paseo sólo atrae a los poetas, las gentes del barrio y los obreros endomingados.

Pocos parisinos conocen el nuevo muelle de Auteuil. En 1909 aún no existía. Las orillas con tabernas de mala muerte que le gustaban a Jean Lorrain han desaparecido. «Gran Neptuno», «Pequeño Neptuno», merenderos al borde del agua, ¿qué ha sido de vosotros? El muelle se ha elevado a la altura de la primera planta. Las plantas bajas están enterradas y ahora se entra por las ventanas.

Pero el rincón más melancólico de Auteuil se encuentra entre el Port-Louis y la avenida de Versalles. Théophile Gautier vivió en la rotonda de Boulanvilliers, pero sin duda no había por entonces en este lugar tanta chatarra como hoy y el Port-Louis no existía con su flotilla de balandras abigarradas de colores vivos. Sobre el puente hay colocados tiestos de geranios, de fucsias; en unas cajas crecen árboles verdes alrededor de un pequeño ataúd de niño. Y cuando el sol brilla, el pequeño ataúd de las balandras no es para nada lúgubre.


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