El paseante de las dos orillas

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La librería del señor Lehec

El señor Lehec, el librero, amaba sus libros a tal punto que no podía venderlos más que a las contadas personas que juzgaba dignas de adquirirlos.

En la época que tenía su librería en la calle Saint-André-des-Arts, iba yo a menudo a charlar con él a su tienda. Hace un tiempo cedió su fondo de buenos libros y, casi ciego, el librero de Victorien Sardou y del señor Anatole France permanece retirado. Desde entonces nadie puede recurrir a su erudición amable.

Calle de Saint-André-des-Arts número 37, antiguo emplazamiento de la librería del señor Lehec.

Un día en que un grupo de estudiantes pasaba por la calle Saint-André-des-Arts cantando la Canción del padre Dupanloup, tan licenciosa que no podemos citarla, el señor Lehec me enseñó las relaciones que habían existido entre el gran prelado que ilustró de manera lícita el nombre de Dupanloup y los dos más ilustres editores de obras licenciosas y satíricas: los sabios Isidore Liseux y Alcide Bonneau.

No sé si la famosa Canción del padre Dupanloup ha sido impresa, pero casi todo el mundo la conoce. Inspiró a Jules Marry, que no es el novelista popular, una excelente antología satírica titulada: Las proezas del señor Dupanloup, una plaqueta de versos ya por entonces rara o destinada a serlo. El autor dice en el prólogo:


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