El paseante de las dos orillas

El paseante de las dos orillas

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Pero si el transeúnte coge la calle Berton, verá primero que los muros que la rodean están sobrecargados de inscripciones, de grafiti, para hablar como los anticuarios. Así, sabréis que Lili de Auteuil ama a Totor de Point du Jour y que para indicarlo ha trazado un corazón atravesado por una flecha y la fecha de 1884. ¡Qué lástima! Pobre Lili, tantos años transcurridos desde ese testimonio de amor deben haber curado la herida que estigmatizaba este corazón. Unos anónimos han manifestado todo el impulso de sus almas con este grito profundamente grabado: «¡Vivan las Gachís!»

Y he aquí una exclamación más trágica: «Maldito sea el 4 de junio de 1903 y el que lo ha creado». Los grafitis patibularios o alegres continúan así hasta una construcción antigua que ofrece, a la izquierda, una puerta cochera soberbia flanqueada por dos pabellones con cubierta en pendiente; después se llega a una glorieta donde se abre la verja de entrada del maravilloso parque que contiene una célebre casa de salud, y es aquí donde encontramos también la única cosa que une —pero tan poco, pues el correo funciona muy mal— la calle Berton a la vida parisina: un buzón.




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